El sufrimiento: Meditación Vipassana

En una nota anterior, Los tres pilares de la Meditación, habíamos nombrado, tres vivencias básicas a las cuales llega la mente en la meditación : la impermanencia, el sufrimiento y la ausencia de Identidad del Yo.

Hoy continuaremos con el tema del sufrimiento. Cuando hablamos del sufrimiento no estamos hablando exactamente del dolor o malestar físico,aunque por un extraño mecanismo que luego entenderemos, ese sufrimiento se origina paradojalmente en nuestro miedo a enfrentar al dolor, con la generación de innumerables atajos mentales.

Es decir , la inexorabilidad del sufrimiento en nuestra vida está dada porque nos llenamos de insatisfacción y de dudas. Para comprender de qué forma afecta el sufrimiento nuestras vidas debemos ser concientes instante a instante de su causa. Si dirigimos nuestra mirada sobre nuestra propia historia veremos que hasta nuestro gozoso nacimiento estaba cargado de dolor, tanto en la madre como en el hijo (en nosotros); si observamos con atención este dolor se repite en cada estadío de nuestra vida, cuando crecemos, cuando maduramos, cuando envejecemos, cuando enfermamos; cada uno de estos pasos lleva una carga de sufrimiento. Pero también nos hacen sufrir cada día hechos puntuales, un mal olor, una pelea,tener hambre, sed, calor, frío, estar cansados etc. Ante cada uno de estos estímulos habrá una reacción de nuestra parte, para alejarnos del sufrimiento que nos produce. Esa reacción, luego se transformará en obsesión al tratar de “eliminar” todos los estímulos que nos produzcan insatisfacción o dudas.

Cuando prestemos atención a esta necesidad experimentándola plenamente podremos darnos cuenta que ella nos impulsa a la huida continuamente,sin tomar conciencia del sufrimiento esencial en el que se arraiga. Es precisamente este sufrimiento el que nos lleva a invertir toda nuestra vida, tratando de evitarlo y de huir de él. Sólo cuando dejamos de huir podemos establecer contacto con nuestro sufrimiento esencial, en el mismo momento en que nos ponemos a investigarlo con una atención plena , cuando nos abrimos a él y lo experimentamos plenamente ocurre algo extraordinario, se desvanece súbitamente , es decir desaparece el hambre subyacente (hambre de contacto, de amor, de alimento, de comodidad, de placer).El hambre y el movimiento son los mecanismos mediante los cuales solemos desviarnos y evitamos enfrentarnos con nuestro sufrimiento esencial,lo cierto es que sólo alcanzaremos la calma, el reposo verdadero cuando nos permitamos penetrar en el sufrimiento.
Cuando dejemos de identificarnos con el sufrimiento, cuando ya no lo rechacemos, el dolor seguirá ahí tal y como es, es decir, soportable.
No es sencillo asumir que somos capaces de hacer frente a nuestro propio sufrimiento, porque estamos convencidos de que el sufrimiento es algo que hay que temer o evitar a toda costa, nos lo han enseñado y toda nuestra sociedad está edificada en torno a ese miedo, por eso huímos, por miedo a que el sufrimiento nos alcance y termine destruyéndonos. Es por ello que esa misma sociedad es hedonista, pero sabemos por lo que hablamos de la impermanencia, que las experiencias placenteras se esfuman rápidamente. Pese a ello nos atamos a ellas y las repetimos para tener la sensación de que perduran . Esto resulta un esfuerzo agotador ya que todo cambia velozmente, y eso transforma nuestra “seguridad” en algo frágil e ilusorio. Penetrando en el sufrimiento pasaremos de las capas de la enfermedad y el envejecimiento a otras más profundas, con tensiones más intensas, con sensaciones abrasadoras , son fuerzas internas que apresan y sustentan a este cuerpo. Una atención todavía más profunda nos revelará la existencia de un sufrimiento a escala celular.

Cuando tenemos atención plena, entraremos primero en contacto con los estados de ánimo y sentimientos dolorosos como la aflicción, la tristeza, las heridas del pasado, el enojo los celos etc. Veremos entonces como persistiendo en la atención plena se nos revela de que no son esas sensaciones concretas las que generan el sufrimiento, sino que es el deseo ( la misma tensión de gusto o disgusto) el que es origen del sufrimiento. Luego en la medida en que profundicemos nuestra práctica,verificaremos la presencia del sufrimiento en el mismo momento en que la conciencia establece contacto con los sentidos.En el auténtico silencio aparecerá el sufrimiento cada vez que un objeto impacte en nuestros sentidos, ya que descubriremos nuestro apego y nuestra identificación con lo impermanente.

El hecho de darnos cuenta de la magnitud del sufrimiento es extraordinariamente liberador, impulsándonos a soltarnos a vivir más plenamente y liberar la compasión que mora en nuestro interior.

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